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lunes, 24 de enero de 2011

Saturday night



Llevaba esperando aquella  noche  tanto tiempo que ya no se acordaba ni de la última vez que se había puesto aquel vestido. Ni lo que era ir de fiesta. Ni el tiempo que llevaba maquillarse y peinarse. Tampoco recordaba cómo era eso de que a sus amigas se les pegaran los moscones. Que se derramara el alcohol mientras se sacudía de un lado a otro. Del dolor de los pies embutidos en tacones de alturas imposibles, de los ojos llorosos por el  humo  de los locales. Ni de los viajes a los abarrotados baños para retocar aquí y allá el maquillaje. Del olor a humanidad, a juventud, a libertad. Olor a sábado noche. No recordaba el agobio de los pubs, de los bares; el salir de cada uno de ellos y respirar esa bocanada de aire  noctámbulo  que parecía la primera. No se acordaba ni de las carcajadas en la barra. Las  sonrisas  furtivas. El jugueteo de las miradas. El coqueteo del cuerpo. Los bailes rápidos. Los más largos. El darle su teléfono. O no. El irse y dejarle con ganas de más. O quedarse. El perderse y el encontrarse. El llegar a ese momento de la  noche  en el que ya no le importa cómo tiene el pelo o el maquillaje. Ese momento en el que lo da todo bailando, con sus amigas. Tiene un vago recuerdo de la vuelta tarde a casa. La resaca del  día  siguiente y las llamadas que se hacían eternas mientras ellas hacían de comentaristas de la  noche .
Llevaba tiempo esperando. Sí. Pero esa  noche  se iba a comer el mundo entero. Y a todo aquel que se pusiese a su alcance.

1 comentario:

Rei dijo...

Me gusta tu blog, y esta entrada está super bien, me encanta.
Te sigo :)