About Me

martes, 10 de abril de 2012

Desahogos.

Me gritas. Me gritas porque sí, por estupideces que para mí no tienen sentido. No me dejas hablar. Callas mis palabras con las tuyas, haciendo lo que dices que yo trato de hacer. ¿Es que no te escuchas? Dirás que hablo mucho, que no callo, pero es que tengo demasiadas cosas que contar. Contar mi minuto a minuto, ser transparente, eso es lo que trato de hacer. Yo no debo callar: tú debes empezar a escuchar algo que no sea la vibración de tus cuerdas vocales. No puedo más, ¿sabes? Sólo quiero huir, tener a alguien que me lleve a otro lado. Porque de eso también me falta. Necesito respirar otro aire, lejos de este lleno de tensión. 
Necesito huir, necesito a alguien que no me diga "es sólo un bache", "aguanta". Porque el bache es una entrada al mismísimo infierno y estoy atrapada en él. ¿Aguanta? Demasiado he hecho ya. He aguantado todo lo que me ha dado la vida y más. ¿Que tengo que olvidar el pasado? Demasiado difícil cuando tu pasado es tu presente y tu futuro, cuando no te puedes librar de él, cuando está incrustado en lo más hondo de tu alma. Huir es lo que quiero, lo que deseo, lo que necesito.
Pero no quiero huir sola, no. Quiero a alguien que no me diga todo lo que me han dicho. Quiero que me diga "sí, es una mierda, pero aquí estoy yo; juntos podremos". Y que sea verdad. Quiero alguien que no me prometa el cielo o la tierra, sino que me acompañe a surcarlos. Demasiada gente ha abandonado ya el barco de papel que intenté crear hace años. Ya está demasiado mojado, y sus colores se disuelven en el agua que me rodea y que cae de mis ojos. 
Soy una superviviente, pero llevo más de siete años a la deriva, y eso no lo aguanta ningún hijo de mortal. No me creo especial, porque eso sería echarme demasiadas flores, y soy alérgica al polen. Una que a veces juega a que lo es, y luego recoge todos los juguetes y los mete en el armario de manera desordenada. Soy una cualquiera, una que pasa desapercibida, y agradece eso. Una que simplemente sabe elaborar frases con sentido, pero que toman la importancia que tú quieras darle.  Al fin y al cabo, las palabras se las lleva el viento. ¿Entonces qué me queda? El recuerdo, el dolor, mis rizos rebotando contra mi cuello.
Y ya está. Eso es todo lo que puedo ofrecer al mundo. Mis ojos no tienen el brillo de antes, los de esa niña que sonreía a la cámara con una mueca desdentada. La misma que ahora aferra a su peluche favorito por las noches, deseando que sea una máquina del tiempo, deseando que se le permita cambiar el pasado, porque cambiar el futuro no podría ser tan malo. La misma que no quiere abandonarme. La que no quiero que me abandone. A la que llamo todas las noches para que venga a contarme cuentos de hadas, esos que me encantaría creer y que para ella son una realidad. Para que me intente devolver la ilusión que tenía de encontrar al bandido que siempre aparecía en sus sueños y le robaba el corazón. Aquellos que mi imaginación creaba siguiendo los dictados de mis ojos que devoraban las palabras que otros escribían. ¿Ahora? Ahora no existen bandidos, ni príncipes, ni ogros. Están todos escondidos en casa de la bruja de Hansel y Gretel, burlándose de mi ingenuidad y tomando el té. Ahora mis ojos no están hambrientos de palabras, todas parecen tan vacías. Incluso las mías. Me han abandonado. Igual que el amor. ¿Qué es eso? ¿Existe? Yo he dejado de creer en él. Si existe, se parece al lado oculto de la luna: muy pocos han podido verlo. ¿Y siendo sincera? Ahora mismo no me importa lo que esté haciendo Cupido. Sólo necesito que mantenga su carcaj lejos de mí y que deje de jugar a atarme los cordones de mis viejas Converse para hacerme caer.
¿Y qué hago? ¿Qué busco? Ni yo misma lo sé. Hay una nostalgia instalada en el fondo de mis calcetines de rayas, esos que nunca me he quitado. Esos que ya no me hacen sonreír como antes. Esos que ahora están empezando a deshilacharse. Esos que me recuerdan tiempos mejores. ¿O eran peores? Aún no sé cuándo cayó la venda de magia que cubría mis ojos. No sé cuándo me di cuenta de que había crecido, que mi capa invisible me quedaba pequeña, que mi desiluminador ya no funcionaba, que los cuentos de Beedle el Bardo parecían estar escritos por un niño de tres años, de que mi lengua era incapaz de pronunciar hechizo alguno. No sé cuándo me di cuenta de que vivía en la realidad. Cuándo desperté de mi sueño. Al menos no dolió tanto, pero las tiritas de Caillou que cubren mis heridas se están cayendo. No hay pegamento alguno que pueda cerrarlas del todo.
¿Y ahora? Sigo haciéndome la misma pregunta. ¿Y ahora? Ahora no sé si seguir adelante, si quedarme por el camino o si desviarme de él. La brújula que me dio Jack Sparrow no sabe hacia dónde dirigirme. Mi bola 8 me responde a todo no sé. Mi corazón dice que haga caso al cerebro. El cerebro al corazón. Estoy sola, como si alguien jugara conmigo a la gallinita ciega. Y puede que vea la luz al final del túnel, pero temo que sea simplemente un espejo que refleje la que estoy sosteniendo yo. Y que cuando llegue al final esté yo sola, devolviéndome una mirada de reproche.
Ojo contra ojo.



lunes, 9 de abril de 2012

Tarde shakespiriana

"He oído hablar mucho de vuestros afeites y embelecos. La naturaleza os dio una cara y vosotras os hacéis otra distinta."
Hamlet, William Shakespeare
Rick Genest



No me he mudado, tan sólo me he comprado otro pisito.
Podrías pasar a echarle un vistazo.
El agua es gratis.